El motor se apagó y, por un instante, solo se escuchó el viento entre los árboles. El camino de tierra se extendía detrás de ella, bordeado por pinos que se alzaban como centinelas silenciosos. Frente a sus ojos se levantaba el pico más grande de la cordillera: Shadowfang. Impresionante, casi intimidante, como si la montaña misma la evaluara. Respiró hondo, apoyando la frente contra el volante. Otra oportunidad, se repitió. Otra vez para empezar de nuevo, para no dejar que el pasado la arrastrara. Abrió la puerta y el aire del bosque la golpeó, fresco y húmedo. Por un instante cerró los ojos y sintió que el suelo bajo sus pies tenía vida propia, ya no estaba en un lugar donde las leyes de la ciencia y la justicia humana dictarán las normas. Una camioneta negra apareció levantando polvo, y un hombre bajó con paso firme, sonrisa franca y mirada directa. Su porte era relajado, pero al mismo tiempo transmitía autoridad, sus casi dos
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