Intentó restarle importancia, pero por dentro sabía que nada volvería a estar en calma. Aquella llamada acababa de abrir una grieta peligrosa, una que podía destruir todo lo que había construido con tanto esfuerzo.—¿Cómo que nada? —le dijo Ceida a su hija, con la voz temblorosa—. Escuché la conversación, Lía. Hablabas de que nos quieren quitar a Lucía… ¿por qué te van a quitar a tu hija, mi nieta? Dime la verdad, por favor.Las lágrimas comenzaron a rodar por las mejillas de Ceida, y al verlas, Lía sintió que el muro que había construido empezaba a desmoronarse. Se cubrió el rostro con las manos, incapaz de sostenerle la mirada.—Mamá… —susurró entre sollozos—. Ya no puedo seguir mintiendo.Ceida se acercó lentamente, con el corazón encogido.—¿De qué estás hablando, hija? ¿Qué es lo que me has ocultado?Lía respiró hondo, tratando de reunir fuerzas. El nudo en su garganta apenas le dejaba hablar, pero sabía que había llegado la hora de confesarlo todo.—Lucía… —dijo con la voz quebr
Leer más