—Buenas tardes, Emilia —saludó Jeremy. —Hola, Emi —saludó Amira, moviendo una mano de manera eufórica. —Me enteré de lo que pasó ayer, lo siento tanto. ¿Cómo está tu mano?, ¿te duele?, ¿cómo pasó?, ¿cómo te…? —Por favor, cállate —exclamé, uniendo las manos en forma de súplica. Amira se sonrojó. Me hice a un lado para que pasaran y entraron. Nos sentamos en el sofá. —Bien, empecemos —dijo Jeremy, sacando todos tus apuntes y libros. —Emilia —la chiquita llamó mi atención—. Te traje esto. Sacó de su mochila un frasquito redondo. —Es una pomada. Cuando sientas dolor en tu mano, solo aplícala y el dolor menguará. La tomé.—Muchas gracias, Ami —¿Estabas fumando marihuana? —preguntó Jeremy de repente. —¿Qué? —respondí. —Eso explicaría por qué tienes los ojos tan rojos y tu buen humor. Lo miré mal. —Tuve un problemita con el champú, solo eso. Empezamos a estudiar un buen rato hasta que fuimos interrumpidos. —¡Ya llegué! Los tres giramos la cabeza hacia la puerta al escuchar e
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