Lo que heredamos no siempre llega con nombre. A veces llega como una habitación preservada, como un velo enmarcado, como el peso de doscientas personas que llevan en la sangre a alguien que nunca conocieron.Lo comprendí cuando entré al salón y los vi a todos.Nexus había convocado la reunión con tres días de anticipación, suficiente para que llegaran incluso los que vivían en los territorios del norte, donde los caminos se vuelven difíciles en esta época del año. Más de doscientas personas. Todas descendientes de Adriana Valdés, la mujer que fue vendida, comprada, y que de alguna manera improbable y brutal convirtió esa venta en el inicio de una dinastía. Yo la llevaba en la cabeza, literalmente. Y aun así, verlos a todos juntos me detuvo en el umbral durante tres segundos completos.Son tantos, pensé, y sentí el movimiento de Adr
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