Capítulo 33María bajó la mirada, avergonzada por tener que revivir aquello, pero sabía que Alejandro merecía la verdad. Él estaba con ella ahora. Tenía derecho a saber quién era realmente el hombre que una vez fue su marido.— Sí... fue él — respondió en voz baja, casi susurrando.Alejandro permaneció en silencio. Sus facciones endurecidas, la mandíbula apretada. No dijo nada, no necesitaba hacerlo. Su mirada firme la animaba, mostrando que estaba allí, entero, listo para escucharla a su tiempo.María respiró hondo y, poco a poco, comenzó a hablar:— Él me hacía sentir como si fuera un estorbo. Decía que no servía para nada, que era fea, tonta, inútil... — Tragó en seco, los ojos llenándose de lágrimas. — Y lo peor es que, con el tiempo, me lo creí. Empecé a mirarme al espejo y a ver exactamente eso.Alejandro se acercó un poco más, pero aún sin interrumpirla.— Cuando los niños crecieron, empezó a ignorarme. Y después... vino la violencia. No solo con palabras. A veces pensaba que n
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