230. A UN PASO DE LA LIBERTAD
NARRADORA«Corriendo por el laberinto, su madre lo llevaba de la mano mientras la noche avanzaba sobre sus cabezas y la niebla se arremolinaba en sus pies.Los altos setos que de día se veían hermosos ahora parecían paredes opresivas que se cerraban sobre ellos.—Aah… —el Alistair pequeño se cayó de repente, zafándose de la mano de la reina.—Levántate, bebé, levántate —Elisa lo sostuvo con brazos débiles, y sus ojos ya mostraban lágrimas no derramadas.No les daría tiempo a escapar los dos, habían sido descubiertos de nuevo.— Sigue corriendo sin detenerte... ¿Recuerdas dónde está esa fuente linda de la chica con el jarrón?—Sí, sí, pero, mamá, ¿y tú? —Alistair estaba ansioso al ver el rostro desencajado de preocupación de su madre y cómo miraba hacia atrás, temerosa de que alguien apareciera al siguiente segundo desde la oscuridad.—Yo voy enseguida, mi amor, voy enseguida… —lo abrazó de repente con todas sus fuerzas, y sus hombros se sacudían mientras reprimía los sollozos.Alistai
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