Pude sentir los ojos de Aleksander encima de los míos; él parecía querer evaluar las cosas de alguna manera, como si lo que decía no fuera verdad.—¿En serio quieres el divorcio a pesar de todo?—Claro, los planes eran esos y hasta el momento no han cambiado. Pero no te preocupes, que vas a tener siempre el derecho de ver a los niños y, si de alguna manera no quieres comprar la casa por el hecho de que nos vamos a separar, pues la voy a comprar yo; no tengo el dinero que tú tienes, pero no soy alguien pobre.—Deja de decir tonterías porque no voy a cambiar de opinión; la casa la voy a comprar yo porque, al final de cuentas, eres la madre de mis bebés y eso no es algo que va a cambiar.—Está bien, pero quiero que sepas que si cambias de opinión en algún momento porque tu nueva pareja se opone a tal cosa, pues eres libre de decirlo.—La mujer que decida estar a mi lado debe de saber que soy padre de seis hijos y que ellos siempre van a estar por encima de cualquier persona, así que deja
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