**Punto de vista de Aria**Los guardias dudaron una fracción de segundo y luego, como uno solo, bajaron las armas. Retrocedieron, pero sus manos se mantuvieron cerca de las fundas.Solté un aliento tembloroso que no sabía que estaba conteniendo. Mis piernas se sentían débiles. —Mis disculpas, Don Salazar —dije rápidamente, inclinando la cabeza—. No estaba mirando.Me estudió en silencio, sus ojos hundidos midiendo cada detalle de mí. De cerca parecía más viejo, las arrugas de su rostro como grietas en la piedra. Pero su mirada era alerta, inteligente, no se perdía nada.—Acércate —dijo.Mis piernas pesaban, pero obedecí, dando dos pasos hacia adelante.Sus ojos pasaron de mi rostro a Leo. En el momento en que vio a mi hijo, su expresión cambió. No se suavizó exactamente, pero se volvió… concentrada. Intensa.Leo, fascinado por la cara nueva, le devolvió la mirada. Tenía los ojos muy abiertos, curioso, completamente sin miedo ante el poderoso anciano ni ante el círculo de guardias arm
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