—¡Sí! ¡Sí, es culpable! —gritó una mujer al borde de la multitud—. Prometió ayudarnos después de que nuestra manada quedó destruida. Tras jurar lealtad, nos dejaron pasar hambre si no la ayudábamos a obtener acceso a tu manada. Ayudamos a atacar a inocentes. Haz lo que quieras con ella —escupió la mujer—. Pero no le hagas nada a Finn. Siempre ha cuidado de nosotros, se quedaba sin comer para que tuviéramos suficiente. Se oponía a sus deseos cuando ella quería que nos castigaran.— Finn, tienes el derecho de rechazar a tu compañera. Ella morirá, y podemos ahorrarte el dolor de sentir su muerte —dijo Ryker con solemnidad.— Yo… yo puedo… no puedo… es mi compañera, no puedo —lloró él, cayendo de rodillas junto a mí. No pude evitar sentir lástima.Sabía que ella tenía que morir, pero tampoco quería perder su vínculo.—Finn... —susurró Kennedy, acercándose a nosotros—. Por favor, Finn. Por favor, suéltala. Déjanos ayudarte, ayudar a tu manada —temblaba, y entonces olí la sal de sus lágrimas
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