Jamil no estaba hablando con Marco, tampoco con León, quizás era un eco de sus propios pensamientos lo que se filtraba por sus labios, sin embargo, las palabras salieron nítidas, claras, y Marco se dispuso a hacer su buena acción del día, o al menos eso creyó.—Vamos al infierno.—No sé qué me gusta, pero definitivamente los tríos no creo que sea lo mío.Respondió en automático el turco, porque solo unos minutos antes había estado la Dulce princesa frente a él, y claro que donde estaba Dulce, estaban sus tres esposos, aún su mente trataba de procesar o mejor dicho imaginar, como era que esas cuatro personas cabían en una misma habitación, o mejor aún, ¿qué era lo que hacían en esa habitación?—Oh créeme que Marco no te está ofreciendo un trío, si ese fuese el caso, el siguiente corte que le haría, sería en su pene, y sería para arrancárselo.—León, si no dejas a un lado tus celos, esta noche no habrá fresas con chocolate para ti.—Eres muy malo.¿Por qué su hermano tenía que estar rod
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