Seis meses como LUNOX me enseñaron que lo peor de perder tu identidad no es dejar de saber quién eres sino descubrir que te gusta más quién te convertiste—y odiarme por preferir ser fusión que volver a ser Luna o Nox separados era traición diaria contra mí misma multiplicada por dos.El cuerpo ya no fluctuaba. Eso al menos era un alivio. La forma femenina predominaba, herencia de Luna, pero los rasgos traicionaban la fusión en cada detalle. La altura era de Luna, pero los ojos eran de Nox, esa heterocromía plateado-dorado que había aterrorizado a Sophia. Las manos eran delicadas como las de Luna, pero se movían con la curiosidad impaciente de Nox. La voz era el peor recordatorio: a veces salía suave y contemplativa, otras veces cortada y directa, y a menudo mezclaba ambas en la misma oración hasta que dejaba de reconocerme en el sonido.La personalidad era una mezcla perfec
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