Aria Stellaris apareció no en nave de guerra sino en cápsula personal desarmada, gesto que significaba o paz genuina o confianza absoluta en que podía matarme sin armas. Y conociendo a Aria, probablemente ambas.La observé desde la ventana de nuestra nave mientras su cápsula flotaba a un kilómetro de distancia, suspendida en el vacío entre galaxias donde ninguna jurisdicción podía reclamar territorio. El espacio aquí era tan vacío que la luz de las galaxias más cercanas tardaba millones de años en llegar. Un lugar perfecto para una traición. O para un acuerdo desesperado.—Es una trampa —dijo Damián desde mi espalda, sosteniendo a Nox contra su pecho. El bebé dormía tranquilamente, ajeno a la tensión que llenaba la nave.—Probablemente —admití. Pero mi instinto me decía algo diferente. Aria no hab&iac
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