Réquiem 11: "Nunca aprendemos, ya hemos estado aquí antes" ••• Giré el cuerpo lentamente, dejando que el taburete rotara sobre su eje hasta quedar de frente a la persona que acababa de hablar. Al hacerlo, el mundo exterior —el ruido, la música, los gritos de la gente— se desvaneció, quedando solo un eco sordo. Me topé de golpe con una cascada de rizos negros e indomables que le caían sobre el rostro, ocultando parte de sus ojos pero dejando ver el brillo de una mirada oscura que parecía leer mis pensamientos más profundos. Aslan estaba ahí, sentado a centímetros de mí, ocupando su espacio con una presencia abrumadora y una intensidad que me cortó la respiración. Verlo así, tan cerca de mi rostro, con esa media sonrisa cínica dibujada bajo la sombra de su pelo, me hizo sentir una descarga eléctrica que me recorrió la espalda. Julian, que hasta hace un segundo se sentía dueño del lugar, se quedó mudo. La sola presencia de Aslan, apoyado en la barra y un vaso de licor ámbar en l
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