Hay cosas en este mundo mucho más valiosas que los diamantes y el oro. Por más que la gente luche, persiga el poder o pelee por la riqueza, la familia siempre estará primero. El dinero se puede perder y reemplazar, pero la sangre, el amor y los lazos no se compran.Apenas unos segundos antes, John había sentido que el peso del mundo entero le aplastaba los hombros. En un solo día pasó por miedo, rabia, dolor y conmoción. Enfrentó traiciones, disparos y la cercanía de la pérdida. Pero ahora, de pie en la misma habitación con su tercer hijo vivo, su hijo mayor Gabriel de vuelta y su querida nuera Isla a salvo y radiante, su alegría no tenía medida.Por primera vez en mucho tiempo, se sintió pleno. Gladys fue la primera en reaccionar. Se levantó de su asiento de un salto, como si hubiera reaccionado antes de alcanzar a procesarlo.—¿Isla? —gritó—. Dios mío… ¡Isla, volviste!La voz se le quebró mientras corría hacia ella. Los ojos se le llenaron de lágrimas cuando estrechó a Isla en un abr
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