El nuevo gel de baño era un capricho tonto. Lo vi en el estante del baño, una botella pequeña que Elara debe haber dejado para mí. Olía a vainilla y a algo parecido al coco, un aroma dulce y sencillo, muy distinto al jabón neutro y sin perfume que solía usar. Después de la intensidad de los últimos días —la confesión, el libro escondido, la mirada de Kaiden diciéndome que yo le traía calma—, necesitaba algo simple. Algo que me recordara que todavía podía elegir algo para mí, por pequeño que fuera.Me bañé con él esa mañana. El vapor del agua caliente llevó el olor dulzón por toda la habitación. Me vestí y, por primera vez en semanas, me dejé el pelo suelto, húmedo todavía. El aroma me envolvía, un pequeño secreto personal.Pensé que todo sería normal en el desayuno. Bajé a la cocina a prepararme un té, y Kaiden estaba allí, de pie junto a la ventana con una taza de café negro en la mano, viendo los jardines. Me dio los buenos días con su tono habitual, grave y corto, pero cuando me ac
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