El silencio que sigue a sus palabras es más ensordecedor que el rugido del motor de su auto de lujo minutos atrás. Me siento como si estuviera atravesando una neblina gris, espesa y pegajosa, donde mi cerebro no logra conectar con mi boca. El aire en el interior del coche se vuelve denso, cargado con el olor de nuestro encuentro reciente, una mezcla de sudor, deseo y esa fragancia inigualable de Lucien que siempre me embriaga y, en este caso, me vuelve idiota. Acabamos de tener un momento necesario. A pesar del incidente en el restaurante, salí de muy buen humor para sexo, pero lo que escucho salir de sus labios cuando creo que ha sido un encuentro perfecto, me golpea con la fuerza de un impacto frontal."Cásate conmigo".Me aclaró la garganta, sintiendo todavía la vibración de su cuerpo bajo el mío. Estoy sentada sobre su regazo, con la piel encendida y el corazón recuperando su ritmo habitual, cubiertos por el manto de la noche a un lado de la carretera. Lo miro, buscando alguna señ
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