Hace diez años…La cocina olía a ajo, mantequilla y algo caramelizándose lentamente, el plato favorito de mis hijos. Estaba junto a la estufa, removiendo cuidadosamente, ya preparándome porque en esta casa, el silencio nunca era buena señal.“Mami,” dijo una vocecita detrás de mí.No me volteé de inmediato. Ya sabía quién era.“Mami, ¿podemos renunciar a Enzo para la adopción?”Cerré los ojos y suspiré profundamente. Lenta y pacientemente. El tipo de suspiro que solo una madre que ha visto tantas cosas puede dar.Por supuesto. Ya sabía lo que había pasado.Cuando Loren llegó a nuestras vidas, juro que quise tener diez hijos más. Era dulce, obediente, considerada, demasiado madura para su edad. Escuchaba. Entendía. Ayudaba.Luego llegaron los gemelos.Y de repente, sentí que tenía veinte hijos en lugar de dos.Enzo, caótico, ruidoso, alérgico a las reglas y lleno de pura travesura, era actualmente la razón de que mi presión arterial existiera. Elio, en cambio, era todo lo contrario. Du
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