Maya abrió la puerta y entró, sintiendo la imponente presencia de Alexander detrás de ella. Se dirigió al escritorio y abrió el cajón. Mientras lo hacía, dejó caer discretamente el brazalete que había escondido en la manga, lo sacó y lo colocó sobre la mesa como si lo hubiera encontrado dentro.Continuó buscando el reloj entre las carpetas.—Oye, ¿por qué falta el reloj? Obviamente lo puse junto al brazalete…Mientras fingía sorpresa, sintió que la presión a su alrededor se hacía cada vez más pesada, con la sombra de Alexander imponiéndose a su lado.—¿No puedes encontrarlo?—Sí, recuerdo haberlo puesto en este cajón. El brazalete está aquí, pero el reloj no. No tiene sentido… —Maya abrió también el cajón contiguo, aparentando desconcierto.De pronto, sintió un fuerte agarre en su muñeca.—Ya no necesitas buscarlo.La presión sobre su delgada muñeca la puso nerviosa.—Lo siento, lo perdí accidentalmente. No esperaba que desapareciera, aunque lo dejé en el cajón. Tal vez debería buscar
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