En cuanto la puerta del apartamento de Malu se cerró detrás de él, Cassio soltó una palabrota en voz baja.Volvió a tomar el celular, los dedos ágiles, nerviosos.—Rogério, te necesito ahora. Es urgente. Encuéntrame en la portería en diez minutos.La voz del chofer respondió de inmediato, como siempre.—Sí, señor. Voy en camino.Colgó la llamada y, aun lleno de adrenalina, subió a su propio apartamento.Se cambió de ropa con la rapidez de quien ya estaba acostumbrado a resolver problemas ajenos en plena madrugada: jeans oscuro, camiseta negra, chaqueta ligera.Llamó a Maya mientras se ponía los zapatos.—Llego en veinte minutos —avisó—. Si aparece la policía, no abras la boca. No digas NADA. ¿Me oíste?Del otro lado de la línea, Maya sollozó algo ininteligible, probablemente alcohol mezclado con drama.—Está bien, Cass… solo ven rápido…Diez minutos después, Rogério estacionaba frente al edificio, impecable como siempre, traje alineado, expresión seria, el conductor perfecto para algu
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