La maquilladora bajó el spray, dio un paso atrás y dijo con una sonrisa satisfecha:— Terminamos.Esa simple palabra fue suficiente para que el corazón de Francine se acelerara. Por un instante, tuvo ganas de llorar, pero se contuvo para no arruinar nada.Se levantó despacio, los pies descalzos tocando el piso de madera, y se colocó frente al espejo de cuerpo entero.Se quedó mirándose por un momento.El reflejo que la observaba ya no parecía la chica de semanas atrás, perdida entre cafés y clientes habituales.Era una mujer lista para enfrentarse al salón más importante de su carrera.El cabello, ahora más corto, caía en curvas suaves sobre su cuello, dejando un lado del rostro completamente descubierto y cubriendo levemente el otro, en una asimetría encantadora.Había algo casi cinematográfico en la forma en que un mechón ondulado rozaba la línea de su mandíbula, recordando la sensualidad velada de Jessica Rabbit.La habitación de Francine, improvisada como camerino esa noche, estab
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