PUNTO DE VISTA DE TERESA—No es…—Está bien —me interrumpió, pero con suavidad—. Yo me encargo. Siempre lo hago.Pero no parecía que se estuviera encargando. Parecía exhausto, abrumado, como si el peso del mundo le estuviera aplastando los hombros.Y yo no sabía si tenía derecho a consolarlo.*Esto es culpa mía*, pensé de nuevo. Lucía irrumpiendo en la boda. Los vídeos. El circo mediático. Todo se remonta a mí.Pero entonces otra voz en mi cabeza, más callada y más enfadada, dijo: *Él destruyó tu vida sistemáticamente durante meses. Te despidió, te desalojó, te torturó en el trabajo. ¿Le debes culpa?*No lo sabía.Ya no sabía nada, excepto que estar allí viendo a Rafael sufrir me dolía en el pecho.—La reunión de la junta —empecé con cuidado—. ¿Qué quieren?—Explicaciones para controlar el daño. Probablemente un plan de cómo voy a «estabilizar mi vida personal» para que no afecte a la empresa.Se giró de nuevo hacia la ventana, con los hombros tensos. —No pueden despedirme, tengo la
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