PUNTO DE VISTA DE RAFAELLa enfermera sacó a Lucía de la habitación y la vi irse, mi hija mirando por encima del hombro una última vez antes de que la puerta se cerrara, y luego solo quedamos Teresa y yo, y el pitido constante de las máquinas que me mantenían con vida.Ella se quedó de pie torpemente junto a la cama, con los brazos cruzados sobre sí misma como si intentara mantenerse entera, mirando a todas partes menos a mí.—Teresa, espera. Por favor.Dejó de moverse hacia la puerta y se giró, con expresión cautelosa. —¿Qué?La miré, realmente la miré por primera vez desde que desperté en esta cama de hospital. Todavía llevaba esos pijamas arrugados de ayer, los mismos que tenía puestos cuando irrumpió en el lugar de la boda. Su cabello estaba recogido en una coleta desordenada con mechones cayendo alrededor de su rostro. Las ojeras bajo sus ojos hablaban de noches sin dormir, llanto y estrés que yo había ayudado a causar.Se veía exhausta, agotada y absolutamente hermosa.—Ven aq
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