ReinaCaía, y aunque no tenía sentido cómo ni por qué, eso no era lo peor. No había viento, ni aire que me pasara, ni cielo arriba ni tierra abajo. Solo una oscuridad interminable y sofocante que me engullía por completo.Como si eso no fuera suficiente, no podía ver mis manos, ni sentir mi cuerpo. Lo único que sentía era la presión de la caída, caída y caída. Sentí un vuelco en el estómago e intenté gritar, pero no pude. La oscuridad se aferraba, densa y viva, envolviéndose alrededor de mis extremidades como si no quisiera soltarme.Entonces, choqué contra algo. Fuerte.El impacto me dejó sin aire y el dolor me recorrió la columna mientras yacía allí, jadeando, con la mirada perdida.Antes de que pudiera recomponerme, empezó.El calor. Al principio era leve, apenas un ardor bajo la piel. Luego se extendió a mis brazos, mi pecho y hasta mi garganta. Me quemaba todo el cuerpo, pero no por fuera.Por dentro, como si me hubieran inyectado algo en las venas y me hubieran prendido fuego. M
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