MaluEstaba sentada en la encimera de la cocina, con las piernas colgando suavemente, cuando Estevão se acercó. Sin camisa, con su cuerpo fuerte expuesto, llevaba solo unos shorts. Su forma tranquila de mirarme, mientras acomodaba los lentes en su rostro, siempre me desarmaba. Se colocó entre mis piernas, tan cerca que pude sentir el calor de su piel. Con un tenedor en la mano, acercó un trozo de pastel a mis labios.—Necesitas alimentarte bien, señorita —dijo con una sonrisa llena de provocación.Mordí el trozo despacio, sin dejar que el chocolate se derramara.—Estás agotando mis fuerzas, ¿sabías?—Curioso… para alguien que me llamó “viejito”, parece que la débil eres tú.Puse los ojos en blanco, fingiendo molestia, pero mi sonrisa me delató.—No quiero comer más.Estevão dejó el tenedor sobre la encimera y se acercó un poco más. En un gesto repentino, me levantó en brazos.—¿A dónde me llevas? —pregunté riendo, mientras me aferraba a su cuello.—A un lugar donde no vas a inventar e
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