55. A SALVO
Estás a salvo, ya nadie te hará daño SOFÍA La luz, aunque es baja molesta mis ojos como aguijones, parpadeo varias veces para acostumbrarme a ella. Me estremezco, mi mente evoca el foco que iluminaba aquella habitación. —¡No,no,no! —mi voz alterada sale con un sollozo. En mi mente solo se repiten las escenas con ese hombre y pensar que aún estoy ahí, me quiebra, me destruye —No, no, quiero morir, quiero morir —Mi llanto desgarrado sale sin control. La voz de alguien que me dice que estoy a salvo; sin embargo, no proceso, mi cerebro no asimila lo que me dice y sigo llorando de forma descontrolada hasta que vuelvo a la oscuridad. Escaneo asustada la habitación, el olor a alcohol, a medicinas, el silencio roto por el sonido intermitente de un monitor, me doy cuenta de que ya no estoy en ese lugar, es la habitación de un hospital, una enfermera está a mi lado revisando la solución que introducen en mis venas y me mira con cariño o tal vez sea lástima, no sé. —Has despertado, ¿
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