52. CASTIGO
Pagando por los pecados ajenos.
SOFIA
Mis pulmones tratan de obtener oxígeno con un jadeo involuntario y despierto. Mis latidos se disparan. La respiración se vuelve incontrolable. Frío extremo, el agua que me golpea es tan helada que mis músculos tiemblan buscando producir calor.
—¡DIOS! ¡DIOS! —pronuncio alterada y no sé si ahora tiemblo por el frío o por el pánico que me atraviesa el pecho al verme acostada y atada de pies y manos sobre una mesa de metal. Aún siento las pinzas aferradas a