Adeline salió de su habitación con el ceño fruncido y una expresión de molestia, sus pasos rápidos y firmes mientras se dirigía hacia la sala, donde Odette ya estaba sentada esperando.—Oye, idiota —gruñó Adeline.—¡Adeline! —exclamó Odette. Saltó de un brinco, abrazando a su mejor amiga con fuerza y girándola en círculos.—¡Oye, suéltame, llorona! —protestó Adeline.—Adeline, ¿sabes qué? —dijo Odette emocionada, con los ojos cerrados y una enorme sonrisa—. ¡Estoy taaaan feliz! ¡De verdad, de verdad feliz!—No. No sé de qué hablas,
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