Odette se excusó y fue a la cocina, con la esperanza de que un poco de comida pudiera aliviar su tristeza. Revolvió el refrigerador, llenando sus brazos de snacks y sobras.—Señorita Odette, déjeme ayudarla —dijo la empleada, acercándose.—No, gracias, tía. Yo puedo —respondió Odette con una leve sonrisa, regresando con cuidado a su habitación para que nada de lo que llevaba se cayera.—Odette… ¿por qué llevas tanta comida? —preguntó Adeline, con curiosidad.—¡Me muero de hambre! Vamos a comer —dijo Odette con alegría, cerrando la puerta del dormitorio detrás de ella. Luego dejó toda la comida sobre la cama.—Mejor comamos en el suelo, o ensuciarás la cama —sugirió Adeline.—No importa, comemos aquí —respondió Odette.—¡¿Cómo que en el suelo?! ¡Me tomó muchísimo tiempo limpiar tu cama! —exclamó Adeline, mirándola con reproche.—Jeje… está bien —dijo Odette, soltando una risa incómoda ante la falsa indignación de su amiga.Las dos amigas se sentaron con las piernas cruzadas en el suelo
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