Cuando llegaron a la playa, Adeline se quedó paralizada por la sorpresa.
Ya se había preparado una cena privada.
Una sola mesa estaba dispuesta sobre la arena, decorada con velas encendidas cuyas llamas titilaban suavemente con la brisa marina.
—Jason… ¿preparaste todo esto tú? —preguntó Adeline con una sonrisa dulce.
—Claro que no —respondió Jason con total naturalidad, mintiendo sin pestañear—. Es un servicio de cortesía del resort. No hay forma de que yo pudiera organizar algo así.
—Oh… —Ade