LA UBICACIÓN DE LOS CAZADORES «¿Cómo que has perdido a la espía?», grité. Mis ojos son ojos, siento que las venas casi se me salen del cuero cabelludo, mi cuerpo tiembla sin control. Golpeo la mesa con las manos. «La estaba siguiendo, pero se dio cuenta. Mató a Santos», dijo, con las manos temblorosas a los lados. «¡Ahhhh!», grité, y tiré todas las cosas que había sobre la mesa. «Cálmate, Gerald, la ira no hará que los atrapen», dice Devon, mi segundo al mando y también mi mejor amigo. «Hay demasiados en la ciudad, hay que atraparlos y matarlos», gruño, sintiéndome repugnado solo de pensar en ellos. «Bueno, si me preguntas a mí, han estado bastante organizados. Aún no han matado a nadie», dice Davis, mi otro amigo, que también es un idiota. «Por eso no te lo he preguntado», le espeté. «Tenemos que encontrar una forma de atraparlos, de atraerlos justo donde queremos que estén», digo mientras me acaricio la barba con los dedos, pensando intensamente. «Señor, tenemos la ubicació
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