Capítulo 196Una Súplica DesesperadaLa habitación del hospital estaba inquietantemente silenciosa, salvo por los suaves pitidos mecánicos de los monitores que registraban el frágil latido del corazón de Grayson. No podía dejar de mirarlo. Tenía los ojos cerrados, el rostro pálido, una leve capa de sudor brillaba en su frente. Me negaba a separarme de él. Mis manos lo aferraban como si aferrarme pudiera anclarlo a la vida, pudiera evitar que se perdiera en la oscuridad que parecía oprimir la habitación, a nosotros, a todo por lo que habíamos luchado.Le susurré, con la voz apenas temblorosa: «Grayson… puedes oírme, ¿verdad? Sé que puedes. Sé que puedes sentirme hablándote. Escucha… mi alma, mi corazón… te llaman. Por favor… regresa a mí».Las lágrimas corrían por mi rostro, quemándome las mejillas, empapándome la manga. No me importaba quién me viera, no me importaba si alguien pensaba que estaba perdiendo la cabeza. Estaba perdiendo la cabeza. Cada respiración superficial que tomaba
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