172. EL DESPERTAR DE SOL
ARIVAY:Los brujos, que son muchos, rodean la hoguera y lanzan sus conjuros hacia Sol, que no reacciona. —¡Sol, hija…! ¡Sol, despierta…, despierta! ¡No dejes que el fuego se adueñe de ti, acéptalo como tu señor, acéptalo, Sol! —la llamo, tratando de acercarme más, pero Flair manda que me alejen de allí. Comienzo a luchar contra todos ellos, vuelvo a convertirme en la semejanza de AL y les extraigo la energía vital, pues a casi todos los he curado con mi sangre. Conjuro una y otra vez, haciendo que se arrodillen ante mí, mientras avanzo hacia la hoguera. Me introduzco en el fuego y llego muy cerca de mi hija, que sigue inconsciente. —Sol…, Sol…, despierta, despierta —la llamo, necesito que lo haga para que llame a su majestad—. Tienes que aceptar el fuego para que te cuide; no dejes que te devore, hija, no dejes que te convierta en un espíritu de él. ¡Sol…, Sol…! Una gran llamarada me lanza fuera de la hoguera, que se eleva aún más, haciendo que Sol gire como si estuviera en la
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