435. YA LO PERDONÉ
LILIAN: Me detengo en seco y lo miro fijamente. El sol de la tarde cae sobre nosotros como miel dorada, y el viento que viene del mar nos despeja el cabello. Migue tiene razón, lo sé. Pero mi orgullo está tan herido que no puedo simplemente olvidar lo que pasó. —No es tan simple, Migue —suspiro, limpiándome el sudor de la frente—. Me sentía vigilada, Migue. Esa traidora de Luci me las va a pagar. Por eso hice esto, y como ya venimos regresando, mejor tomarlos por sorpresa. He pensado dejar que sepan que regresamos, pero quiero que sufra un poco más. Mira cómo me ha llenado el teléfono de mensajes. Ja, ja, ja, me encantan, Migue, sabes que siempre quise que me escribieran cosas así de lindas. No se cansa de enamorarme, de decirme lo mucho que me ama, de pedirme perdón y rogarme que lo deje venir, escucha este. “En este mismo instante en que estoy en el sillón de la terraza, en mí solo existe un deseo: el de poseerte. Quiero perderme en la inmensidad de tu cuerpo. Sentir el galopar
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