Salí como loca de la oficina y tomé el primer taxi que encontré.—Señor, lléveme lo más rápido que pueda al hangar de la empresa…Estaba nerviosa, sudando, con el corazón acelerado. Tenía que llegar a tiempo y detenerlo. Creo que aún no era consciente de lo que estaba haciendo, pero necesitaba verlo y decirle lo que siento. Quizá, si le confesaba que estaba enamorada, se quedaba.Ya no me importaba Theo. En realidad, ya no me importaba nada. Solo quería verlo y abrazarlo para que no se marchara.Había tráfico y maldije.—Señor, por favor, ¿se puede apresurar?—Señorita, no puedo ir contra el tráfico.Joder, sentía que no nos movíamos de lugar. Pero gracias al cielo, el semáforo cambió y el auto comenzó a avanzar. A dos cuadras, todo se volvió a congestionar y decidí bajarme.Corrí y corrí como si mi vida dependiera de ello. Debía llegar.Sentía que tenía tiempo. Él no se podía marchar, no sin darme la oportunidad de hablar.Cuando llegué a la primera cuadra, tuve que agacharme para re
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