80. Quebrando el control
Él le quitó el vestido por encima de su cabeza bajó su boca hasta uno de sus pezones de inmediato antes de lamer con la punta de la lengua, en una caricia ligera, casi cruel. Zoe se retorció en sus brazos y sus uñas se clavaron en sus hombros.—Dilo —exigió él y su aliento rozó su piel húmeda—. Di que eres mía. Di que me dejas marcarte, di que quieres que te folle hasta que no puedas pensar en nada más que en mí, mi Zoe.Zoe abrió los ojos, llenos de deseo y anhelo.—Soy tuya —jadeó—. Siempre he sido tuya, marcame, Caius. Hazme tuya por completo.El control de Caius se resquebrajó visiblemente.Caius gruñó, un sonido triunfal y animal.—No hay vuelta atrás —advirtió él con la voz grave casi en un rugido bajo—. Una vez que hunda mis colmillos, serás mía en cuerpo, alma y sangre. Nadie podrá separarnos nunca. ¿Lo entiendes?Zoe alzó la barbilla, mirándolo directamente a los ojos.—Lo entiendo y lo quiero. Te quiero a ti, todo de ti.Eso fue todo lo que necesitó Caius, de un momento a ot
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