El sonido del monitor aún resonaba en la habitación. Ese pitido constante… frío… definitivo. La muerte no hacía ruido cuando llegaba, pero dejaba un eco imposible de ignorar. Uno que se metía en los huesos, en la piel, en la memoria. Victoria no se movía. Seguía de rodillas junto a la cama, con la mano del patriarca entre las suyas, como si aferrarse a él pudiera traerlo de vuelta. Sus dedos temblaban, su respiración era irregular, pero no lo soltaba. No podía. No quería. Era como si al hacerlo, la última conexión con él desapareciera para siempre.—Papá… —susurró una vez más, con la voz rota, apenas audible.Pero esta vez… no hubo respuesta.El aire en la habitación se volvió insoportable. Pesado. Silencioso. Final. Mateo bajó la mirada, incapaz de sostener la escena por mucho más tiempo. Sus manos estaban cerradas en puños a los lados de su cuerpo, tensas, conteniendo una rabia que no le correspondía mostrar. Stefano permanecía inmóvil cerca de la puerta, con la mandíbula apretada,
Leer más