Deposito su cuerpo en nuestra cama, una que está cubierta por pétalos de varios colores, escuchando su risita de niña buena, aunque en su carita la picardía es lo primero que reconozco.Me recuesto junto a ella y la aprecio a la luz de las velas que, aunque artificiales, me muestran sus delicadas facciones y cada una de las cosas que me han enamorado de ella.Los chicos tenían razón, el lugar quedó precioso y acogedor, me encantó como quedó todo y prometo enviarles un gran agradecimiento a ambos que deben además preocuparse de mi pequeña ninfa, pero ahora me quería enfocar en ella y que disfrutara de todo lo que he preparado para esta noche.No se cuantas veces nos besamos, mientras mis manos juguetonas acariciaban su cuerpo, mi chaqueta ya había desaparecido y ya los primeros botones de mi camisa estaban abiertos. Agradecí no usar corbata esta vez, pero me reclamé interiormente por usar este chalequín con el que estaba luchando en este momento.—Tranquilo, galán, deja que yo te ayude
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