NORAEl silencio que sigue a su partida es de una densidad casi irreal, un vacío saturado de electricidad, como si todo el aire de la habitación se negara a circular, congelado en la estupor y la humillación. Y sin embargo, detrás de las paredes, bajo el suelo, más allá de la puerta entreabierta, siento el mundo vibrar, murmurando, bullendo con el tumulto invisible de los rumores que se inflan, se agrandan, se deforman ya. Las palabras de Clémence siguen resonando en mi cabeza, ladrona, puta, con la misma brutalidad que una bofetada que se repite una y otra vez.Me quedo de pie, la respiración entrecortada, incapaz de moverme. Mis dedos se aferran al borde del escritorio, mis falanges se blanquean, como si intentara anclarme a la realidad para no caer. El suelo se balancea, el mundo tambalea. El perfume de Hugo todavía flota, pesado, mezclado con mi propio olor, esa huella de fiebre y piel arrugada que lo traiciona todo. Me sube a la cabeza como una droga, me da vergüenza y ya lo extr
Leer más