Cap. 145: El último recuerdo.
Cap. 23—Adiós, Valentina —dijo, con voz ronca, dirigiéndose a la puerta.Ella no respondió. Solo lo miró, con los ojos aún húmedos, la mano protectora sobre el vientre.Lisandro abrió la puerta, dio un paso hacia el pasillo... y entonces sintió un dolor agudo, como si alguien le clavara un clavo al rojo vivo en la sien. El mundo se inclinó violentamente. Las piernas le fallaron. Cayó de rodillas con un golpe sordo contra el suelo, llevándose las manos a la cabeza.—Ah... —gruñó, el dolor expandiéndose como fuego.Valentina reaccionó al instante. Corrió hacia él, olvidando por un segundo el dolor de sus propias palabras.—¡Lisandro! —gritó, arrodillándose a su lado—. ¡Dios, qué te pasa!Intentó levantarlo, rodeándolo con los brazos, pero el peso de él era demasiado. Su embarazo le prohibía hacer fuerza. —No... no puedo... —jadeó, frustrada—. ¡Lisandro, mírame!Él no respondía. Tenía el rostro pálido, sudoroso, los ojos en blanco. Se desplomó del todo, inconsciente en el suelo del sal
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