Capítulo 66 He pensado mucho en la llegada de este momento. Nunca soporté las despedidas. Decir adiós duele, no decirlo, duele más aún. Recuerdo el día que me marché de casa con aquella maleta a cuestas y un niño en el vientre. Recuerdo que no pude despedirme de mis padres, que no pude despedirme de mi hermano, ni de mi casa o de mi pueblo. Años después la vida me lo volvió a hacer, no tuve la oportunidad de despedirme de mi padre o del Antoni que un día me amó. Y solo supe llenarme de odio y resentimiento, culpando a un inocente del mal que me había buscado yo misma. Ahora me doy cuenta de que la vida está llena, repleta, saturada de buenas y malas acciones, decisiones que cuestan y duelen en el alma. Un día después de que Antoni fuera a mi casa y le diera a mí hijo la oportunidad de tener un padre y unas horas después de depositar en mi cuenta de banco 20 mil dólares, poner su casa a mi nombre y devolverme el trabajo, se entregó a la policía. Salió en todos los diarios, noticias y
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