Cuando el bunker con quince rehenes explota y descubres que tu enemigo también fue traicionado por un enemigo mayor, las alianzas se reescriben en sangre y escombros.La onda expansiva me lanzó tres metros hacia atrás. Mi espalda golpeó el asfalto con fuerza suficiente para expulsar todo el aire de mis pulmones. Por un momento—quizás dos, quizás diez—no pude respirar, no pude pensar, no pude hacer nada excepto observar el hongo de humo negro elevándose donde segundos antes había estado el bunker.Donde quince personas habían estado vivas.No.Me arrastré hacia adelante, ignorando el dolor agudo en mis costillas, el zumbido en mis oídos, el sabor metálico de sangre en mi boca. Escombros llovían a mi alrededor—fragmentos de concreto, metal retorcido, cosas que no quería identificar.—¡ANNA! —mi voz salió ronca,
Leer más