La Villa Vidal se alza sobre acantilado siciliano como fortaleza medieval modernizada, con muros tres metros alto, cámaras cada esquina, y belleza tan abrumadora que casi olvidas que es cárcel hasta intentas salir y descubres que portón solo abre desde afuera.Danna observó la estructura mientras el sedán negro ascendía por el camino sinuoso, flanqueado por cipreses que proyectaban sombras alargadas sobre el asfalto. El Mediterráneo brillaba a la izquierda, azul imposible bajo el sol de mediodía, y por un momento—solo un momento—el paisaje robó su aliento de forma que ninguna prisión debería poder hacer.—Es hermosa —murmuró Valentina desde el asiento trasero, con Leonardo dormido contra su pecho—. Maldita sea, es hermosa.Angelo, desde el asiento del copiloto, giró la cabeza con sonrisa que no alcanzó sus ojos verdes—tan parecido
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