IsabellaMe desperté porque el lado izquierdo de la cama estaba frío.No fue inmediato. Al principio solo sentí el vacío, esa ausencia silenciosa que el cuerpo reconoce antes que la mente. Una fracción de segundo en la que todo parece normal, hasta que no lo es. Estiré la mano casi por reflejo, buscando su espalda, el peso tibio de su cuerpo, ese calor que se había vuelto una constante incómodamente reconfortante. Pero mis dedos solo rozaron las sábanas lisas, intactas.Nada.Abrí los ojos.La habitación estaba sumida en un silencio denso, como si incluso las paredes contuvieran la respiración. Las cortinas dejaban pasar una luz grisácea, apagada, de esas que no anuncian un buen día ni uno malo, solo uno cualquiera. Alessandro no estaba.No me alarmé.No era la primera vez que se levantaba antes que yo. A veces lo hacía sin hacer ruido, con una precisión casi calculada, como si no quisiera perturbar nada, ni siquiera el aire. Siempre pensé que era una costumbre adquirida, una forma de
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