La Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales del Hospital Fontaine había adquirido durante las últimas doce horas una cualidad que Cassandra reconocía de sus años trabajando en emergencias médicas: ese silencio posterior a la tormenta que no garantizaba calma sino simplemente el agotamiento temporal de todos los involucrados. El reloj digital de la estación de enfermería marcaba las 2:47 PM cuando Cassandra emergió del cuarto de aislamiento donde Mateo continuaba su batalla contra la sepsis, sus signos vitales estabilizados pero aún críticamente frágiles, cuando la vio.Florencia Costa estaba de pie en el pasillo principal de la NICU, a exactamente quince metros de distancia, su figura esbelta enmarcada por la luz fluorescente que convertía su cabello castaño en tonos casi dorados. Vestía un traje sastre color crema que probablemente costaba más que el salario mensual de Ca
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