Estaba en el atelier terminando de organizar unos bocetos cuando el sonido de la puerta abriéndose con brusquedad me hizo dar un salto. Alexander entró a grandes zancadas, con el rostro endurecido y los ojos fijos en mí. Su sola presencia a esa hora, cuando debería estar en medio de la auditoría de los Hamilton, me puso los nervios de punta.— ¿Qué pasa, Alex? ¿Está todo bien? Pensé que te encargarías de la auditoría —le pregunté, dejando caer el lápiz sobre la mesa.Él se acercó rápidamente y me tomó de los hombros, revisándome con la mirada como si buscara alguna herida. — ha pasado algo de último momento, pequeña, algo que no esperábamos y con lo cual debemos tener mucho cuidado —respondió con una voz tensa que solo aumentó mis nervios.— Me estás asustando, Alex, habla de una vez.— Victoria se escapó de la cárcel, y seguro viene con las peores intenciones —soltó sin rodeos.Sentí que el suelo se movía bajo mis pies. Tuve que apoyarme en la mesa de corte para no caer. La imagen d
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