Siento como sus labios se acoplan a los míos y cómo en vez de alejarme, me sigue el beso. Sé que ella quiere esto tanto como yo, porque de no ser así, ya me habría apartado y no lo ha hecho. Por el contrario, siento como su voluntad se deshace entre mis manos, al igual que la tensión que había en ella. La sujeto con fuerza, acercándola lo más que puedo, y es que, de ser por mí, buscaría la forma de fundirnos en uno mismo. Un gemido bajo se escapa de su boca cuando nuestros labios se separan por un segundo y no pierdo el tiempo para volver a tomarla con el fuego que me está quemando por dentro. Ese gemido… ese pequeño sonido, es mi perdición, porque pierdo el control. Bajo mis manos y toco todo lo que puedo de ella, mientras, de forma instintiva, busco donde recostarla. No me importa donde estamos, no me importa quienes están allá afuera. Sé que después de los primeros gritos, ninguno se atreverá a venir aquí. La empujo contra la pared y bajo las manos hacia sus piernas. Si
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