~ BIANCA ~La forma en que Dante habló me dio la exacta medida del problema: no era un comentario suelto, ni un presentimiento de pasillo. Era algo que exigía ojos. Exigía contexto. Exigía que lo enfrentáramos de frente.Nico asintió una vez, corto, y vi sus hombros endurecerse como si se estuvieran preparando para un golpe. Bella continuó en el asiento por un segundo más, pegada al cinturón, mirando de Dante a nosotros como si estuviera intentando entender por qué los adultos siempre se ponen con esa cara de preocupación.—Ven, princesa —dijo Dante, gentil, haciendo un gesto con la mano, sin apresurar—. Es rapidito.Bella bajó despacio, pisando la grava con demasiado cuidado para una niña. Y sentí el impulso de tomar su mano, pero no lo hice.Dante nos condujo por el lateral de la casa principal. El camino era corto, pero, en esa Tenuta, todo parecía tener eco: cada puerta, cada pasillo, cada rincón todavía tenía una especie de silencio reciente, un silencio que recordaba lo que
Leer más