—Si me sigues besando, no voy a poder controlarme —dijo Alejandro, con la voz baja y seria.—Entonces... no te controles —respondió Sofía, desafiante.Él la miró con esa mezcla de deseo y ternura que la desarmaba. Sin embargo, no dejó que la provocación lo controlara. Respiró hondo, se contuvo y preguntó:—¿Qué quería Gabriel de ti?Sofía ocultó su sonrisa. Tal como había imaginado, Alejandro estaba celoso. Y aunque estaba molesto y preocupado, a ella le enterneció más de lo que le molestó. No quería verlo así.—Esta mañana, cuando desperté, Gabriel me escribió. Dijo que Diego estaba enfermo, que había pasado la noche con fiebre y quería que fuera a verlo. Lo llamé para decirle que dejara de molestarme, nada más. Ese mensaje era solo para disculparse.Alejandro suspiró. No le habría dado tantas vueltas al asunto si no fuera porque Diego volvía a aparecer. Sabía que no debía darle importancia, pero no podía evitarlo. Ese hombre era una espina clavada en su mente."¿Ella lo habría besado
Leer más