—Si me sigues besando, no voy a poder controlarme —dijo Alejandro, con la voz baja y seria.
—Entonces... no te controles —respondió Sofía, desafiante.
Él la miró con esa mezcla de deseo y ternura que la desarmaba. Sin embargo, no dejó que la provocación lo controlara. Respiró hondo, se contuvo y preguntó:
—¿Qué quería Gabriel de ti?
Sofía ocultó su sonrisa. Tal como había imaginado, Alejandro estaba celoso. Y aunque estaba molesto y preocupado, a ella le enterneció más de lo que le molestó. No q