Diego apretó los dientes.
—¿Quitármela? ¿Alejandro? ¿Cree que la merece? Sofía es mi mujer.
Su cara, pálida y seria, dejaba ver la furia que estaba conteniendo.
—Gabriel, lo conoces. Entonces también deberías conocerme a mí. No me repitas esas tonterías, ¿entendido? Deja de intentar convencerme.
Gabriel entendió que Diego no iba a escuchar. Desde afuera, todo se veía más claro: su obsesión con Sofía ya no tenía tanto que ver con Alejandro.
Pasaron los años, los dos cambiaron. Tal vez el pleito e